Mi maestro Taisen decía que zazen y kesa son como las dos alas de un pájaro.

Tradicionalmente, un monje zen debe llevar tres kesa: uno de cinco bandas, el rakusu; el kesa de siete bandas, que en general está reservado a zazen; y el kesa de nueve bandas que se utiliza más para las ceremonias, las conferencias.

Eso es, cómo decir... obligatorio. Un monje tiene tres kesa. No significa nada más que eso: un monje tiene tres kesa.

Un monje sin kesa es como un pájaro sin ala, no vuela en zazen... es así.

He recibido una enseñanza muy directa a propósito del kesa, y cuando era una joven monja enseñé el kesa durante más bien diez años en el templo de la Gendronnière. Puedo decir que soy una especialista. Para mi vida también era una práctica. Como enseñaba el kesa, yo lo practicaba. Hacía rakusu o kesa para los demás. Eso durante cerca de treinta años, hasta que mis ojos ya no me permiten hacer buenos puntos.

Es Kodo Sawaki, el maestro de Taisen Deshimaru, quien renovó la enseñanza del kesa, porque se había vuelto como un adorno para los monjes. Cuando la esencia de una enseñanza se pierde, cuando la raíz se olvida quedan sólo las ramas.

El sentido, la raíz profunda del kesa se había perdido.

Alguien me dijo: “No merezco el kesa”. El kesa no tiene nada que ver con merecerlo o no. Algo personal que uno pone sobre el kesa y entonces la mente obstruye la mente. No es grave, pero hay que discernirlo. Yo también cuando era una joven monja puse tiempo para coser mi primer kesa. Tenía como un miedo. El miedo de no... no merecerlo... puede ser. Es mi kesa marrón, que todavía llevo.

El kesa representa la fe en el espíritu de la Vía. Mi maestro decía: a veces cuando practicamos zazen es difícil de tener fe en su propio espíritu ( de practicante); entonces, la fe se pone en el kesa.

El kesa es zazen. Es nuestra piel en zazen. Es nuestra carne en zazen, nuestros huesos y nuestra médula. Es todo lo que hace el zazen que practicamos.

En el zazen que practicamos no hay sólo un lado puro, también existe y aparece en zazen todo el lado que es la producción condicionada de nuestra existencia, nuestro karma que dejamos pasar aquí y ahora durante zazen.

No hay que tener méritos para llevar el kesa, pero cuando uno lleva cada día el kesa en zazen, los méritos infinitos aparecen. No son los meritos buenos o malos, puros o manchados, exactos o equivocados. No son méritos que nacen de la discriminación y de la dualidad. Son como los méritos de un bebé al nacer. Nacer es el punto cero, el punto de la creación, el punto infinito. Los méritos del kesa son infinitos. Son de los que nos hacen nacer a la Vía, despertar a la vida.

Llevar el kesa o rakusu es una buena suerte, una buena fortuna. Incluso sólo tocar una esquina del kesa es buena fortuna. Puede transformar nuestra vida. Automáticamente cambiamos. Automáticamente, cuando hacemos zazen con el kesa, estamos tocados por los méritos infinitos del kesa. Estos méritos infinitos están más allá de lo que uno piensa: “soy bueno”, “soy malo”...

Nuestra vida es breve, fugitiva, tal como una estrella fugaz, tomadlo en cuenta siempre.

Antes de sentarse en zazen, el monje se pone el kesa encima de la cabeza y recita tres veces un pequeño sutra:

Daisai gedapuku
Muso fukuden e

Hibu nyorai kyo

Kodo shoshu yo

Quiero traducir estas palabras que tratan de la práctica infinita de un monje zen en zazen.

Dai sai gedapuku es uno de los nombres del kesa, el vestido de la liberación.

Dai sai gedapuku

Gran vestido de la liberación.

Siempre los seres sensibles oponen la noción de la libertad a la de coacción. Siempre ven obstáculos que parecen impedir que sean libres. En verdad, cuando no aparecen las nociones de libertad o de opresión, la verdadera libertad se realiza.

En chino Gedapuku es literalmente: la liberación que es como la puerta de un templo.

Es La Gran Liberación, es la libertad de Maka Hannya, de la Gran Sabiduría que va más allá. Más allá de las contradicciones, mas allá de las oposiciones y de la dualidad. Es la libertad que nace de la conciencia Hishiryo de zazen.

Regenshiki era una monja célebre discípula del Buda. Antes de ser monja había tenido un karma muy complicado. Un karma muy complicado con los hombres, muy complicado con su madre porque, sin darse cuenta, habían amado al mismo hombre. Entonces se separó de su familia y, por las circunstancias, se volvió una prostituta de lujo.

Sin embargo, un día bailando para sus protectores Regenshiki había vestido el kesa de una monja riéndose de lo que simbolizaba el vestido budista. Aunque fuera así, los meritos del kesa hicieron que su karma cambiara.

Continuó su vida en la trasmigración con el karma bastante infernal que la perseguía. Hasta que un día, enemigos del Buda le pidieron seducir a Mokuren, uno de sus discípulos cercanos, para desacreditar al Buda. Entonces, conociendo la ruta que seguía Mokuren para volver de su gira de mendicidad hacia el lugar de estancia del Buda, Regenshiki se tumbó en el camino como si estuviera herida, pidiendo ayuda. Pero, llevado por la visión clara de la sabiduría, el monje continuó su camino sin dejarse engañar por la maravillosa criatura. Ella se puso a llorar, a parecer afectada…, pero él continuó. Ella le persiguió hasta llegar al lugar donde estaba establecido el Buda.

Hubo un mondo entre los dos y finalmente Shakyamuni le tocó la cabeza y, súbitamente, todo su karma infernal desapareció y se encontró vestida del kesa.

Se volvió una gran monja. Su nombre Regenshiki significa: color de la flor de loto.

Luego, iba a predicar cerca de las princesas y les decía:

- “Debéis haceros monjas zen, seguir la enseñanza del Buda”.

Las nobles le contestaban:

- “Sí, te creemos, pero también tenemos muchos deseos, y luego, ¿qué pasa? Si seguimos nuestros deseos vamos a caer en el infierno”.

Regenshiki contestaba:

- “No importa. Podéis caer en el infierno. Si recibís la ordenación y lleváis el kesa, automáticamente podéis encontrar la liberación”.

Muso fukuden e.

Muso es: no forma. Fukuden e significa: vestido del campo de la felicidad.

El maestro Kodo Sawaki decía: “El kesa es algo que no está claro”.

Es algo que no se puede atrapar con la mente.

Está cuadrado…, y, no tiene forma.

Depende de los méritos... No, cualquier persona puede vestir el kesa.

Muso fukuden e

Sin forma, vestido del campo de la felicidad

Cuando se cose el kesa, tiene dimensiones exactas a seguir. Además, el método de la costura de un kesa no es ordinario. Estoy segura de que influye directamente la mente porque, cuando lo cosemos, aprendemos a utilizar un procedimiento distinto de lo normal. Todas las costuras están escondidas, el revés es tan impecable como la parte visible delantera.

El kesa, el gran kesa, se dobla sobre el exterior. Es el exterior lo que está encima. Entonces todo el revés de los puntos se ve.

Es interesante. En la vida cotidiana enseñamos sólo el exterior. Lo enseñamos a los demás para diferenciarnos. Y con el tiempo olvidamos el interior. Lo escondido, nuestro tesoro, el tesoro que tiene valor sólo para nosotros.

Los puntos de costura se siguen con regularidad para formar líneas rectas. Los puntos son importantes. Cada punto tiene su propia existencia, su instante, pero uno tras otro forman una línea. El maestro Taisen decía: “La línea de nuestra vida. Cada punto es un aquí y ahora. Una realización del presente.”

El kesa parece muy formal y por lo tanto se dice sin forma.

Su forma representa los campos de arroz. Se dice en los sutras que, en un momento, los discípulos del Buda quisieron diferenciarse de los otros ascetas del Himalaya. Entonces pidieron al Buda una idea para un vestido.

-“ Deberíamos llevar un vestido que nos diferencie de los otros ascetas. ¿ Cómo podemos hacerlo?”.

Parece ser que el Buda enseñó con la mano la llanura de los campos de arroz del río Ganges y dijo:

-“Así”.

Entonces los discípulos del Buda empezaron a buscar tela pero, en aquella época, los monjes tenían el voto de pobreza y no podían poseer nada. Luego la tela se volvió uno de los tres donativos de la parte de los laicos para los monjes.

Al origen tuvieron que buscar telas abandonadas por los hombres: las telas comidas por las ratas, las telas comidas por las vacas, las telas que habían servido para un parto, las telas que habían servido para las reglas de las mujeres, las telas que habían servido para los muertos… Todos los trozos de tela abandonados por los hombres, que la humanidad no quería más, que había tirado. Todos los harapos que nadie quería, los primeros discípulos los recogieron, los lavaron y los tiñeron con la tierra. A partir de lo más humilde, lo más pobre, lo más rechazado por los hombres, hicieron el vestido de zazen, el vestido del Satori y el vestido que se transmitió desde entonces de buda a buda, de maestro a discípulo y que es el símbolo de la transmisión del Dharma.

Muso, más allá de una forma que pueda darle la mente, ni ordinario ni ostentoso. Color de la tierra, representando la práctica que vale para todas las existencias, el zazen que pertenece al universo sin discriminación ninguna.

Sin forma, porque más allá de su forma material, está ilimitado. De algún modo contiene nuestra propia humanidad entera.

Fukuden e

Vestido del campo de la felicidad

Los campos producen comida. Cuando una persona viste el kesa y evidentemente practica zazen, siempre está nutrida, no sólo de comida material sino, diré, de la comida vital la que nunca se acaba y que hace que la práctica de la Vía sea infinita. Creo que me entendéis.

Hibu nyorai kyo

Ahora tengo el Satori del Buda

Nyorai, es uno de los apellidos dados al Buda, significa: él que es así. Él que está en el estado de la verdad. El ego pertenece al universo; su ego es el universo, sin separación. El kesa es el vestido del zazen-buda. Cuando hacemos zazen, nos volvemos buda. Tales como somos, somos buda.

Con este cuerpo de deseo, llevando el kesa, hacemos un cuerpo de Buda.

Con esta producción condicionada y complicada que tenemos en la cabeza y en el cuerpo, alcanzamos el espíritu del Despertar. No hay oposición, no hay negación del ego, lo que pasa es que en un instante se le abandona, se quita su piel vieja.

Kodo shoshu yo

Para ayudar a todos los seres.

Es el voto del Bodhisattva. Practico en unidad con todas las existencias, no estoy aparte, aislado del mundo. Cuando los demás están en el sufrimiento la sabiduría que nace del zazen –y del kesa- me permite de forma natural ayudar a los demás. Entre yo y los demás tampoco hay separación.

El maestro Deshimaru dice en sus comentarios del Kesakudoku: “vestir el kesa es estar vestido con el orden cósmico, estar cubierto por el orden cósmico”. A mí me gustó mucho esta frase. Es más allá de nosotros, pero también nosotros somos el orden cósmico. Automáticamente, inconscientemente, naturalmente.

Por eso, antes de vestir el kesa lo ponemos encima de la cabeza. Es algo superior a lo que posemos imaginar. Y un monje zen, lo estudia en la practica toda su vida.

En el Kesakudoku el maestro Dogen escribió: “Debéis estudiar en la práctica lo que tiene una forma y lo que tiene una no forma. Debéis estudiar en la práctica el tejido, el color y las medidas, pero no de vuestro propio kesa, sino de los kesas de los budas, del kesa de zazen.”

El kesa o rakusu que se recibe en la ordenación no es vuestro, no es mío, es el kesa de los budas, el vestido del Satori, el vestido de zazen. No es otra cosa. Es por eso que siempre me ha gustado ofrecerlo.

Barbara Kosen

Shorin ji –verano 2007

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El Kesa